©EL ACUERDO de Carlos Herrera Carmona. Madrid, septiembre de 2017.

Oscuro.

Graznidos, olas, maderas quebrándose…

OFF.Quede quieto lo que dentro haya y que siga quieto lo que nunca se movió, salvo el horizonte, pues éste ha de partirse en dos y dejarme pasar.

Luz.

Marta, Jaime y la costa de Dover al fondo.

M.- Que me sigas ahora no tiene ningún sentido, ¿no te parece? Y que cambies tu rutina por la mía, tampoco tiene mucho sentido. ¿Lo has pensado bien o es que me la quieres colar?

J.- No doy crédito a lo que estás a punto de hacer.

M. (Le tapa la boca con la mano).– No sigas negando lo evidente.

J. (Se la quita con brusquedad y ríe).- Una vez hayas dado el paso…

M. (Ríe).- Lo daré.

J.- Sí, sí, por supuesto. ¿Quién dice lo contrario? Pero no me negarás que van a flipar cuando les cuente a todos lo que arrancarás a tu paso…

M.- ¿Quiénes? ¿Tus espectadores?

J.- Pues sí: mis espectadores, y los tuyos.

M.- ¿Los míos?

J.- Sí. Los tuyos, los míos… Están ahí… Esperando. No sabemos si para aplaudirte o para…

M.- … no sabía que yo también tenía espectadores.

J.- Claro que sí, Marta. Los tienes. A miles, Pero, ¿dónde te crees que vives?

M.- Vivir... Tiene gracia.

J.- No puedes pretender que todo quede… no sé…

M.- ¿… igual?

J.- Eso es. Este bosque ya nunca será el de siempre. Es tu responsabilidad. Lo estás descuidando. Así que yo me curo en salud y  les cuento a todos con detalle la destrucción masiva que has planeado.

M. (Interrumpiendo).- Te diré para tu información que lo tuyo es airear y lo mío es enterrar precisamente todo lo tuyo… (Suspira y ríe) … Vaya… Estos posesivos… Estos… calambres del lenguaje que no me dejan ver con claridad.

J.- Marta, cariño, no empieces. Tu miopía es notoria.

M.- (Ríe).

J. (Igual).- Como sigas por ahí te dolerá el pecho, te faltará el aire y luego…

M.- Lo tuyo también tiene que ver con el lenguaje, con tu idioma… Tus traducciones, tus interpretaciones…

J.- … y tus malentendidos, no te los dejes atrás.

M.- Pues sí. Eso es. Mis malentendidos. Claro que sí. Retorcida que es una, ¿verdad? Malentendidos debido a tus cambios de dirección, a tus…

J.- … efectos péndulo…

M.- ¡Bien dicho!

J.- Para vencerme no debería yo ayudarte a describirme, ¿no crees?

Sonidos del principio. Beben algo. Silencio.

M.- Callar y otorgar.

J.- (Le dedica una cómica reverencia).

M.- ¿Para qué buscar tu significado si lo más significativo para ti es eso: callar y otorgar?

J.- ¿Otra vez quieres que te ayude a seguir con la conversación?

M.- ¿Tan difícil te sería dejarme ahora en vez de dejarte yo a ti? ¿Tanto te supone dejarme en alguna parte? ¿Dejarme de todas todas?

J.- Tu vicio es recordar.

M.- Lo que ahora se me viene a la mente es una niña en el patio del recreo. Me miraba todos los días sin decirme nada y me obligaba a detenerme ante ella para que yo agachara la cabeza. Yo aguardaba su golpe en la testuz. Lo deseaba. Para qué engañarnos. Sin embargo, ella sólo sonreía y al final me dejaba en paz. Una vez le pedí que me insultara, que enviara a sus hermanos para que abusaran de mi, para que me dejaran medio muerta en alguna parte y a cambio ella tendría que dejar de mirarme para siempre. Pero no me hizo caso. Se limitó a sonreír, como siempre lo había hecho. Y yo empecé a caminar a su lado, sobre su sombra, sin salirme un milímetro de su silueta.

Sonidos del principio. Beben algo. Silencio.

J.- ¿Quieres que te abrace?

M.- Tu vicio es abrazarme.

J.- ¿Así te miraba aquella niña?

M.- Sonríe.

J.- ¿Era así como te sonreía?

M.- Jaime.

J.- Dime.

M.- Ahí tienes mi sombra. ¿Me sigues?

Ríen y beben.

Oscuro.

Graznidos, olas, maderas quebrándose…

OFF. Quede quieto lo que dentro haya y que siga quieto lo que nunca se movió, salvo el horizonte, pues éste ha de partirse en dos y dejarme pasar.