©DESDE EL CIPRÉS de Carlos Herrera Carmona. Madrid, 7 de septiembre de 2017.

SOFÍA.- Lo he visto. Y te he visto. Ha sido fácil. Esta vez ha sido muy fácil. Sólo has tenido que hablar. Tus palabras han circulado a una velocidad de vértigo, tanto, que se han desbocado por el acantilado de siempre. Me has descubierto sin querer, o queriendo, los rincones donde duermes, los espacios en penumbra donde construyes tus frases lapidarias. Has entrado sin llamar para hacer mi territorio tuyo, sin permiso y con fuego, sin compasión y con delirio, sin temor y con despecho, sin miramientos y con alevosía. He comprobado a la primera que tú eres también de los que aman los robos a mano armada, los que disfrutan empujando contra la pared, presionando el fusil contra la espalda, sin dar tiempo a rezar, sin preocuparte si te oigo o no, pues con tal de oirte tú, es más que suficiente.

Lo he visto todo de nuevo con una claridad que me ha dañado los ojos. He sentido tu risa de circo, tu respiración de bestia sobre mí, con tus ojos bien cerrados… Lo he sentido de nuevo, irremediablemente, y he disfrutado al conocer por fin el origen de todo y el destino de tus movimientos futuros. Pero te he detenido sin esfuerzo. He sido capaz. Me he reído, he bailado, he trepado por el árbol más alto de mi calle para gritar mi triunfo mientras tú respirabas sobre mi con tus ojos bien cerrados… Al principio me defendía, como siempre he hecho, sin embargo, a medida que desenrollabas tus diálogos me reía, me reía de la situación, de ti sobre todo. Sigo fallando al esperar el acto tercero y último; pero mantengo la esperanza de que algún día me detendré en el acto primero y daré orden de que bajen el telón.

Ahora mismo podría etiquetar todas y cada una de tus artimañas y ponerles precio; de airear las reglas de tu juego que es el juego al que todos jugais: instalar en mi un elemento que paralice, que elimine las ganas de trepar a los árboles más altos. ¿Es este el juego de la memoria? ¿Es este el juego con el que siempre creéis ganar?

Te estoy viendo desde la copa de este ciprés. Tu cara absurda, repetitiva, antigua, perversa y transparente. Da igual como te llames: eres el mismo y lo mismo. Aunque no lo creas, desde aquí se ve todo o yo lo veo todo. Si te vieras con mis ojos, subirías hasta donde estoy yo ahora para arrojarte al vacío sin pensártelo dos veces. Pero no te ves, o sí. No importa. No me importa. Eso ya no es asunto mío. Pues yo soy mi asunto. Lo soy. Soy mi espiral, porque lo que empiezo termina en mi; soy mi galaxia, porque me ilumino y me lleno de mundos por conquistar; soy mi lenguaje, porque el verbo no me traiciona atrapando al sujeto con el que no concuerda, porque aquí el adjetivo siempre encuentra el lugar, el día y la hora para hacer de las suyas y porque el pronombre que he buscado siempre, permanece custodiado hasta que llegue el día del juicio correcto.

Prueba a mirarte, bestia; prueba a callar, bestia, y prueba a alejarte. Prueba. Sin miedo. Yo ya te he visto.