Prefiero ser el niño de la foto -mi sobrino- esperando que la fuente me cante o me cuente, como a Don Antonio, y que la mano sabia de un mayor me indique. Dicho esto, pienso: supuestamente Aristóteles sentenció que el dolor transforma al hombre. Y Unamuno concluyó que la razón une y la verdad, divide. Voy a usar una expresión muy guay ,muy en boga: “qué pereza”. Pues sí. Pereza o náusea sartriana, a elegir. Pretender que este momento histórico no nos va a traspasar en términos de sociabilidad, o más bien, que no vamos a reaccionar frente a la consabida hipocresía social que antes manejábamos, con más o menos acierto, bien porque no teníamos más remedio, bien porque muchos/as con ese poder absoluto de la certeza pensaban que así nos tenían más, cómo diría yo, “amarrados”… Nanai de la China. Yo me uno a ambos filosófos arriba mencionados. Las respuestas las sigo encontrando en los de antes. (Leyendo a Galdós, me aclaro mucho; leyendo a un cultureta bien posicionado en el tejido teatral ganando dinero a espuertas y se cree el/la Mesías, me despisto mucho…) Ahora son pataletas online y poses partidistas que quedan muy bien y que unen (la razón…; no sabía yo que había tanto cariño a la República hasta ayer, empezando por el mío propio). Ni vamos a dar los mismos abrazos que antes, ni la razón que me quieran imponer me va a mantener más cercano. La verdad, divisoria, es única y ganadora. Y el dolor, con su inherente naturaleza catártica, ha de servir, y si no, es un ente etéreo que no sabe a dónde va, bueno sí, a reunirse con su pose… Y eso sí que da pereza. Incluso este comentario mio, creo yo..